Nos vamos a
concentrar en Chile y sus controversiales hechos que descolocan, desvían y
hacen perder los rumbos de los analistas. Siendo que cada cual puede tener un
rango alto de análisis, debido a la información que maneja, datos administrados
e información privilegiada que no es accesible a muchos; por ahí podrían ser
las eventuales divergencias que se puedan determinar, luego de esbozar el
escrito.
Todo es
dominio, control, influencia, ventaja, seguridad, poder, espionaje, etc. Para
estos tiempos todo ello se ha reducido a una palabra nueva y compuesta: Geoestrategia.
De los supuestos, hipótesis y análisis ahora la cosa es más ejecutiva y las herramientas
de gestión, ahora, son de acción.
En el caso
de nuestro país y del concierto planetario, no es mucho lo que podemos influir
como nación autónoma, soberana, independiente o como se quiera calificar a esa
quimera que resuena en los discursos de la política tradicional, pero es fútil
en la praxis y no está contenida en el “neodiscurso de la politosfera”.
Al ser una
nación con 200 años de historia patriota, luego de la emancipación de la corona
española, pero no de sus empresas, se puede entender a qué dejan jugar, o
juega, Chile en el concierto geoestratégico del presente.
Recursos en
sus tierras, hasta cierto punto. Competitividad de su fuerza laboral… Nuevamente
hasta cierto punto, ya que mucha población ha encontrado mejores y más
rentables formas de ganarse la vida en forma independiente, que dependiente.
Infraestructura o “grid” atractiva… Por acá la cosa ya se vuelve más realista,
dado que existe mucha infraestructura montada en la industria extractiva,
también en las conexiones de electricidad, telefonía, tv-cable, datos, etc.
Posición geográfica…Indiscutiblemente.
La realidad
es que el corporativismo, desde hace más de 50 0 60 décadas, viene marcando el
ritmo de los movimientos de los países y han dejado ver sus capacidades de
desplazamiento y batallas por todo el planeta, sin problemas de fijación.
Chile ya tiene
ente rector y director. Al igual que las preguntas que se hacen en el
parlamento japonés, estas deberían ser vertidas en este país: ¿seguimos siendo
colonia y nuestra soberanía es más hedónica, poco pragmática y,
definitivamente, nada ética? Refiriéndonos a un cable submarino que trae una
aceleración en la transmisión de datos, pero que no podemos decidir que sí o no
para que arribe o aborte. Algo con la seguridad, parece.
Lo
controversial de todo esto es nuestra prensa, la cual sabe que no puede proceder
con el periodismo fronterizo y hacer su trabajo interno: informarnos de los
dominios que se ciernen sobre nosotros. Se prefiere incomodar a otras
instancias del poder, control o gobierno. Sin embargo, no van hacia donde está
la fuente de toda esta dirigencia, magna y planetaria para hacer su trabajo de
investigación y desarrollo: Determinar que somos nosotros el producto máximo y
que no hay cabida a otros potenciales tenedores de nosotros, ni por aparatos ni
por cables.
Todo smartphone
o cable submarino donde esté o estuvo involucrado Huawei no va acá y, al parecer,
tampoco en la región.
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